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Todos hemos visto anuncios y hemos oído comentarios pregonando a los cuatro vientos los beneficios astronómicos obtenidos por algunos operadores. De hecho, no es difícil toparse con servicios de venta de señales en los que se prometen resultados tan espectaculares como un 50% de rendimiento mensual prácticamente libre de riesgo.

Evidentemente, detrás de los mismos suele ocultarse el engaño y la estafa cuando no actividades delictivas más propias del ámbito criminal.

Si un tipo de operativa es especialmente dada a según que tipo de demagogias es el de la venta de opciones.

Sabemos que la operativa con opciones vendidas tiene la gran ventaja de generar ingresos recurrentes para el operador que la utiliza y también sabemos que, en función del tipo de opciones que se proponga vender, y estoy pensando en aquellas opciones muy fuera de dinero con muy pocas posibilidades de acabar valiendo algo a vencimiento, el operador puede asegurarse un porcentaje de aciertos realmente elevado.

No son pocos los sitios de venta de señales de trading  que prometen un alto porcentaje de aciertos y, por extensión, prácticamente garantizan el ingreso mensual, vencimiento a vencimiento.

Lo que no explican en estos sitios es que en la operativa con opciones las matemáticas son extraordinariamente transparentes y que obtener según que tipo de consistencias, lejos de garantizar el éxito a medio y largo plazo, lo que hacen es hipotecarlo.

Ganar en el trading no es sólo cuestión de tener un porcentaje de aciertos elevados. Esa es sólo una variable. La otra variable, que es en definitiva la que acaba definiendo si el operador está realmente operando con una expectativa matemática positiva, es la relación entre la ganancia media y la pérdida media.

No se trata sólo de la frecuencia con la que ganas o pierdes, es imprescindible tener en cuenta cuánto ganas cuando ganas y cuánto pierdes cuando pierdes.

¿De que nos sirve acertar el 90% de las veces si el 10% de operaciones perdedoras se llevan todo lo ganado anteriormente y un poco más?

Les propongo un ejemplo sencillo.

Vendamos una cuna (una call y una put fuera de dinero) con una delta de 0.10 por pata.

Como sabemos que la delta de la opción, además de la exposición relativa al movimiento del precio, es la probabilidad que el modelo de valoración de opciones otorga a las posibilidades de que una opción expire dentro de dinero, sabemos que en el 81% de las ocasiones ingresaremos el 100% de la prima cobrada por vender la cuna.

No está mal,¿verdad?

¿Quién no firmaría semejante porcentaje de aciertos?

El problema aparece con el 19% de operaciones perdedoras. Cualquiera que haya podido trabajar en los mercados de opciones los últimos años, y no me refiero únicamente a sucesos “raros” como el flash crash o el colapso de otoño de 2008, sabe perfectamente que sin un sistema de gestión de riesgos que nos permita gestionar adecuadamente las posiciones en pérdidas, lo normal es que este tipo de operativas acaben con el dinero y las expectativas del operador poco experimentado.

Muchas  personas interesadas en la operativa vendedora de opciones me preguntan qué rendimiento se puede esperar con estas estrategias generadoras de ingresos recurrentes.

Lo cierto es que, hoy en día, con el grado de apalancamiento permitido por muchos brokers (sobretodo en el mercado español y europeo) el rendimiento que se puede llegar a obtener es realmente extraordinario.

Ahora bien. Esta no es una respuesta del todo completa.

Cualquier expectativa de rendimiento, cualquier expectativa de éxito, tiene que venir acompañada por una expectativa realista de cual puede ser la peor racha de pérdidas sufrida por la operativa en cuestión.

Este punto es crucial porque todos, absolutamente todos, sobrevaloramos nuestra capacidad de soportar determinadas rachas de pérdidas.

Cuando uno valora una operativa en general o evalúa a un operador en particular, más que centrarse en el rendimiento neto arrojado en un periodo de tiempo en particular, lo que debe hacer es poner ese rendimiento en relación con la volatilidad, al riesgo, asumido en cartera.

El ratio de Sharpe es un buen termómetro para conocer las bondades o riesgos a los que se expone una operativa.

Una forma más sencilla y directa a la hora de evaluar rápidamente una estrategia consiste en dividir el rendimiento anual arrojado por dicha operativa en un periodo de, como mínimo, cinco años por el máximo drawdown sufrido durante ese mismo periodo.

Si revisa usted los resultados auditados de los mejores CTA’s americanos, verá lo extraordinariamente difícil que es conseguir ratios por encima de 1.50-2.00

Un operador medio, que consiga resultados positivos a medio y largo plazo, se moverá generalmente en ratios de 1. Es decir, una peor racha de pérdidas equivalente al rendimiento anual medio esperado.

Si usted se propone como objetivo obtener un rendimiento medio del capital del 30% para los próximos cinco años debe saber que es muy probable que por el camino deba enfrentarse a rachas de pérdidas dolorosas. En el mejor de los casos.

Personalmente considero que conseguir un rendimiento medio anual del 20-25% convierte al operador en un buen operador. Rendimientos del 30%, con volatilidades equivalentes, lo convierten en un gran operador. Esto no es bolsa para dummies , sres. 

El tema está en que evaluar una operativa sólo en función del rendimiento generado conduce, irremediablemente, a unas expectativas desmesuradas e irrealizables que harán que el operador, en el mejor de los casos, deje de operar en plena racha de pérdidas o pueda, incluso, llegar a perder la práctica totalidad de su cuenta.

Cuando uno valora el rendimiento de una estrategia en función del riesgo asumido se enfrenta cara a cara con la realidad del trading en los mercados. No se puede ganar siempre y cualquiera que niegue está realidad o es un inconsciente o un malintencionado.

En el caso de la venta de opciones, solo el operador que es capaz de afrontar de forma realista que las pérdidas existen se encuentra en disposición de aceptar dicho riesgo, para a partir de la gestión del mismo situarse en la senda del éxito que, en definitiva, es de lo que se trata.

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